MI ABUELA Entre el monte Baigura y el puerto de Areta, Aristu es el pueblo situado más al norte del Valle de Urraúl Alto. Aristu está compuesto por una iglesia hundida y dos caseríos, uno de ellos en ruinas. Y éste, precisamente, fue el lugar donde nació mi abuela, Elisa Mugueta Alzueta, el 17 de abril de 1928. Mi abuela Elisa fue la menor de seis hermanos. Aunque sí tenían agua corriente, en aquel caserío no tuvieron luz eléctrica hasta 1950, y aún hoy falta acceso asfaltado y sólo se puede llegar atravesando una pista de tierra. Mis bisabuelos tenían vacas: de ellas ordeñaban leche; ovejas y cabras: de ellas obtenían queso; gallinas: por ellas tenían huevos; conejos y dos bueyes para labrar la tierra, además de dos caballos para trasladarse a la tienda de Oroz Betelu, a tres horas de camino al paso. Ni en su infancia ni en su juventud pasó hambre, aunque siempre comían lo mismo: alubias, patatas, berza o garbanzos de la huerta, y carne de conejo o, pocas veces, de cordero. En 1948, mi bisabuelo Benito Mugueta contrató a un mozo para que se ocupara del ganado. Al poco tiempo de llegar al caserío, mi abuela y ese mozo ya se hicieron novios, pero cuando mi bisabuela Joaquina se enteró, un año después, le despidió porque creía que no era más que un pobre que no tenía nada que ofrecerle a su hija. Mi abuela y el mozo se estuvieron viendo en secreto durante nueve años. Casi todos los domingos le llamaba silbando desde lo alto de la peña y le llevaba cerezas en una cesta desde Aoiz, a cuatro horas de camino por el monte. Todo para pasar menos de diez minutos juntos, antes de que su madre la echara en falta. Se casaron en 1958. Ese mozo resultó ser mi abuelo Miguel Ángel Rípodas. Nada más casarse, se mudaron a Aoiz, para vivir en una casa en lo que entonces eran las afueras del pueblo. Tuvieron seis hijos, dos chicos y cuatro chicas, entre ellas mi madre. Hoy en día mi abuela, ya viuda, vive con nosotros en Pamplona en invierno, primavera y otoño. Y el verano lo pasamos todos juntos en Aoiz, en aquella casa que mi abuelo levantó y que hoy está en el centro del pueblo.
MI ABUELA
Entre el monte Baigura y el puerto de Areta, Aristu es el pueblo situado más al norte del Valle de Urraúl Alto. Aristu está compuesto por una iglesia hundida y dos caseríos, uno de ellos en ruinas. Y éste , precisamente, fue el lugar donde nació mi abuela, Elisa Mugueta Alzueta, el 17 de abril de 1928.
Mi abuela Elisa fue la menor de seis hermanos. Aunque sí tenían agua corriente, en aquel caserío no tuvieron luz eléctrica hasta 1950, y aún hoy falta acceso asfaltado y sólo se puede llegar atravesando una pista de tierra. Mis bisabuelos tenían vacas: de ellas ordeñaban leche; ovejas y cabras: de ellas obtenían queso; gallinas: por ellas tenían huevos; conejos y dos bueyes para labrar la tierra, además de dos caballos para trasladarse a la tienda de Oroz Betelu, a tres horas de camino al paso.
Ni en su infancia ni en su juventud pasó hambre, aunque siempre comían lo mismo: alubias, patatas, berza o garbanzos de la huerta, y carne de conejo o, pocas veces, de cordero.
En 1948, mi bisabuelo Benito Mugueta contrató a un mozo para que se ocupara del ganado. Al poco tiempo de llegar al caserío, mi abuela y ese mozo ya se hicieron novios, pero cuando mi bisabuela Joaquina se enteró, un año después, le despidió porque creía que no era más que un pobre que no tenía nada que ofrecerle a su hija.
Mi abuela y el mozo se estuvieron viendo en secreto durante nueve años. Casi todos los domingos le llamaba silbando desde lo alto de la peña y le llevaba cerezas en una cesta desde Aoiz, a cuatro horas de camino por el monte. Todo para pasar menos de diez minutos juntos, antes de que su madre la echara en falta.
Se casaron en 1958. Ese mozo resultó ser mi abuelo Miguel Ángel Rípodas.
Nada más casarse, se mudaron a Aoiz, para vivir en una casa en lo que entonces eran las afueras del pueblo.
Tuvieron seis hijos, dos chicos y cuatro chicas, entre ellas mi madre.
Hoy en día mi abuela, ya viuda, vive con nosotros en Pamplona en invierno, primavera y oto ño. Y el verano lo pasamos todos juntos en Aoiz, en aquella casa que mi abuelo levantó y que hoy está en el centro del pueblo.